¿Qué son obras muertas?
Son aquellas obras que se realizan con la intención de garantizar la salvación, con un sentimiento de orgullo y autojustificación, basándose en los méritos propios en lugar de en los de Cristo. Se aplica tanto al incrédulo como al creyente.
Las personas no creyentes se justifican diciendo: «No le hago mal a nadie. Si tengo que hacer el bien o compartir mi comida con alguien que tiene hambre, lo hago». Observe que el hecho de «compartir su comida» le da una falsa sensación de seguridad y autojustificación que, en lugar de servir como bendición, sirve como tropiezo. Veamos cómo ve Dios estas obras:
Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia... - Isaías 64:6
Aquí también agrega que estas obras no garantizan la salvación:
Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. - Tito 3:5
Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. - Gálatas 2:16
El pasaje de Gálatas se dirige principalmente a Cristianos Judíos del primer siglo, personas conocedoras de la ley, La Torá (Los Cinco Libros de Moisés): Es la base de la Ley Escrita. Contiene los mandamientos directos (los 613 mitzvot).
Libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. que saben que Dios no hace acepción de personas.
En la antigüedad, muchos Judíos creían que ganarían la salvación observando estrictamente la ley. Hoy en día ocurre lo mismo: muchos creen que, por mucho esfuerzo humano que hagan, lograrán congraciarse con Dios. Por ejemplo, hacen sacrificios en exceso, son nómadas, viven en una nube y se creen superiores al resto. Muchos deciden no juntarse con otros creyentes pertenecientes al cuerpo de Cristo solo porque creen ser superiores en cuanto a obras y espiritualidad.
Lea detenidamente el siguiente pasaje y observe la advertencia que Dios hace a un pueblo que se justifica a sí mismo.
Lucas 18:9-14
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Parábola del fariseo y el publicano
9 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adulteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
En esta parábola hay dos personajes: un fariseo, conocedor de la ley, y un publicano, recaudador de impuestos para el pueblo romano, considerado un traidor por sus hermanos judíos. Observe que Jesucristo contó esta parábola con un objetivo definido: resaltar que uno, por sus propias obras, pretendía alcanzar justificación delante de Dios, pero no pudo; en cambio, el que no obró, sino que creyó, sí pudo. Esto concuerda con lo dicho por Pablo en Romanos 4:5: «Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia»; y en Efesios 2:8-9: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe».
La salvación no es un salario que se gana, sino un regalo que se recibe. Dios es quien merece reconocimiento, ya que, sin ser merecedores, nos hizo merecedores mediante la fe en Jesucristo.
Abandonemos hoy la autojustificación y abracemos la gracia. Que nuestras obras sean fruto de que somos salvos, no de que compraremos la salvación con nuestras buenas obras.
Por eso te exhortamos a que no confíes en tus propios méritos para salvarte. Toda obra realizada fuera de la fe en Jesucristo es una obra muerta de la que debemos arrepentirnos.
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